En su último libro, Skin in the Game: Hidden Asymmetries in
Daily Life, Nassim Nicholas Taleb continúa la línea argumental de sus
libros anteriores (Bed of Procrustes,
Fooled by Randomness, The Black Swan,
Antifragile), que tratan sobre:
incertidumbre, aleatoriedad, observaciones técnicas sobre estadística y
probabilidad, racionalidad en sistemas complejos, relaciones asimétricas,
sesgos cognitivos, epistemología, metodología del conocimiento, además de
principios éticos para la vida cotidiana.
Idea central del libro
Skin in the game es jugarse el pellejo, es la idea de tener algo propio con que arriesgarse
a perderlo para evitar sobreexponerse a riesgos que uno cometería a costa de
otros si no tuviera nada propio en juego. Taleb lo postula como una heurística
ética y racional para la gestión de riesgos. No busca eliminarlos todos (eso sería
imposible), sino reducir las divergencias que se producen a causa de la falta
de skin in the game. Esas
divergencias pueden desencadenar consecuencias que afectan de manera
sistemática a la sociedad, sobre todo a la gente de clase media y baja, casi nunca
a la élite, a pesar de que la élite misma ha tenido responsabilidad en haberla conducido
a esa situación.
En el libro, Taleb hace
énfasis en que el conocimiento humano debe estar siempre en contacto con la
realidad, y que exponerse a los riesgos del mundo real y a sus respectivas
consecuencias, sean positivas o negativas, es una buena manera de guiar el
aprendizaje humano (pathemata mathemata:
aprendizaje a través del dolor). El conocimiento que obtenemos a través de la
práctica cotidiana, el método de prueba y error, la experiencia acumulada y el
manejo de los tiempos es más robusto que al obtenido a través de opiniones,
razonamientos, construcciones sociales y otras conceptualizaciones de carácter
abstracto en lugares aislados como en ciertas academias de ciencias sociales.
Asimetrías y el
problema de la agencia
Una de las cuestiones que
este libro plantea son las asimetrías que se ocultan detrás de los incentivos
de la vida diaria. Poniendo a la crisis del 2008 como un claro ejemplo: los
agentes se beneficiaron espectacularmente de la euforia bursátil en la etapa
previa hasta que llegó el desplome, en el cual no sufrieron consecuencia alguna
y no fueron penalizados por haber expuesto desmedidamente los activos de sus
clientes. La situación podría haber sido diferente si los agentes hubiesen
expuesto sus propios activos, ya que así, en general, hubieran gestionado el
riesgo con mayor prudencia. Un banquero que había sido ejecutivo de Goldman
Sachs y posteriormente secretario del Tesoro durante la presidencia de Bill
Clinton, al abandonar ese cargo pasó a Citibank y allí obtuvo una remuneración
acumulada de 120 millones de dólares, monto del que no devolvió ni un centavo
cuando el gobierno rescató al banco en la crisis del 2008.
Los intereses de los
agentes no necesariamente se alinean con los intereses del cliente (problema de
la agencia), puede darse la situación de que el agente oculte información a su
cliente hasta que éste descubra por las malas que su agente se lo ha ocultado.
Eso se conoce como asimetría de información, en la que el agente persigue un
beneficio, pero transfiere los riesgos al cliente. Como dice Taleb: “Ninguna
persona en una transacción debería tener certezas acerca de los resultados de
la operación mientras la otra persona esté en incertidumbre”. Ante esa
situación, es recomendable no tomar consejos de quienes viven de ello, a menos
que se expongan a alguna penalidad en caso de error. Aun así, Taleb reconoce
que las penalidades no son suficientes para evitar las consecuencias negativas
debido a la naturaleza humana, que es falible. No todos son capaces de
perseguir su propio beneficio, por ejemplo: drogadictos, alcohólicos, gente
atrapada en malas relaciones, periodistas, adictos al trabajo, y demás personas
que por algún motivo actúan contra sus propios intereses. Cabe aclarar que el skin in the game no va de hacer más
eficiente el sistema, sino de filtrar a los menos avispados para evitar que el
sistema sufra daños estructurales.
La burocratización es un
problema que a todos nos ha pasado alguna vez, ir de ventanilla en ventanilla,
papeleos sin fin, entre otros. Un sistema excesivamente burocratizado tiende a
acumular complejidad (ruido) sin que implique valor añadido al proceso. Eso
porque la gente a cargo de las decisiones de una organización en la que no son
propietarios toma más en cuenta ofrecer soluciones complejas, propias de sus
profesiones sofisticadas, en las que pueden sacar mayor rédito. Además,
burocratizar un proceso, en cierto modo, es restar responsabilidad a quienes lo
llevan a cabo, una vez hecho, ya no es más un problema de ellos. Así, es más
probable que el sistema tienda a crecer en complejidad sin valor añadido, hasta
que colapsa. ¿Ejemplo? Las agencias calificadoras de riesgo y los bancos que
ofrecían hipotecas sub-prime antes de
la crisis del 2008 (Les recomiendo la película La Gran Apuesta, que explica de manera precisa y didáctica cómo
ocurrió esa crisis).
La dictadura de la
minoría
Otro postulado del libro
trata sobre que no siempre podemos juzgar el conjunto como la suma de sus
componentes. Juzgar a un individuo casi nunca nos explicará cómo funciona su
comunidad. Para eso, hay que entender a la comunidad como una comunidad, no
como una mera suma de individuos. La comunidad también incluye las
interacciones entre sus individuos.
Y eso nos lleva a la
dictadura de la minoría, considerada por Taleb como la madre de las asimetrías.
Basta un número pequeño de gente intolerante (entre el 3% y 4% de una
población) para subyugar al resto de la comunidad a sus preferencias. Un observador
ignorante se quedaría con la falsa impresión de que las elecciones y
preferencias son de la mayoría. Pero basta observar a las comunidades que se
alimentan sólo con comida kosher o halal en los países occidentales, donde
representan como mucho el 10% de la población, pero un 70% de supermercados y
otros negocios gastronómicos venden comida kosher o halal. Una persona kosher o
halal sólo puede alimentarse con comidas y bebidas kosher o halal, en cambio,
una persona que no pertenezca a esas comunidades no pondría tantos reparos en
ver si su comida cumple con sus estándares religiosos. Lo mismo ocurre que en
aviones no haya maníes, debido a las severas consecuencias que sufren las
personas alérgicas al maní, sin ser un grupo mayoritario. O también el auge de
los automóviles con cambio automático, que no precisamente se deba a que la
mayoría prefiera el automático, sino con que parte de los que manejan
automático sólo saben conducir de ese modo, en cambio, quienes manejan con
cambio manual saben hacerlo con el automático.
Lo mismo puede decirse de
los mercados, que tampoco son solo las sumas de sus participantes. Y los
cambios de precios que se dan en esos mismos mercados son gracias a la
compraventa de sus participantes (vendedores y compradores) más motivados. Los
mercados pueden responder de manera desproporcional ante ciertas desviaciones
improvistas. Taleb define a los mercados como “una gran sala de cine con una
puerta de salida pequeña”.
Lo cual nos lleva a: las
sociedades no forman sus normas gracias a la evolución del consenso, sino a las
acciones de la minoría más intolerante. Son las personas más intolerantes
quienes imponen sus virtudes a la mayoría. Basta observar que, a lo largo de la
historia, las revoluciones casi siempre fueron fraguadas por una minoría
obsesionada con imponer sus ideales sobre los demás.
Intelectuales-Pero-Idiotas
Taleb critica de manera
despiadada a los académicos y burócratas que se creen expertos para dirigir la
vida de los demás. Y los llama Intellectual-Yet-Idiot
(IYI), en castellano sería Intelectual-Pero-Idiota. Ese tipo de intelectual es
el que cree que la teoría puede separarse de la práctica y que los problemas
complejos siempre se pueden resolver desde la jerarquía (políticas públicas). Y
también cree que el cientificismo es más científico que la ciencia real, siendo
incapaz de distinguir entre ambos. El cientificismo es una interpretación
ingenua de la ciencia, como si fuera complicada de entender, y no como un
proceso esquematizado que debe llevarse a cabo con cierto escepticismo en
cuanto a sus resultados. Un ejemplo de cientificismo es creer que reemplazar tu
propia mano, aunque no tengas discapacidad alguna, por una prótesis biónica por
el hecho de verse muy tecnológica. Reemplazar lo natural, que ha sobrevivido
millones de años enfrentando situaciones estresantes, por algo que sólo ha sido
evaluado en una revista científica no es ciencia y tampoco es una buena
práctica. La ciencia ha sido tomada por algunos para promocionar sus productos como
una solución científica (margarina, transgénicos, etc.) y a la vez procuran
silenciar a los escépticos, tachándolos de “anti-ciencia”.
El IYI se caracteriza por
no tener la valentía de jugarse por sus ideas, prefiere que otros asuman el
riesgo y así no sufrir las consecuencias. Se los suele ubicar en oficinas de
periódicos, organizaciones de activismo político, departamentos universitarios
de ciencias sociales, etc. El IYI patologiza a los demás por hacer cosas que él
no entiende, sin darse cuenta de que su propio entendimiento es limitado.
Prefiere llamarlos “ignorantes”. Considera que un sistema es democrático cuando
gana el partido de su preferencia, o populismo cuando los “ignorantes” votan a
un partido que contradice las preferencias del IYI. Ve con buenos ojos un
sistema llamado epistocracia, en el que sólo votan los “educados”, cuyos votos
se puntuarían de acuerdo a cuántos estudios hayan hecho y dependiendo del
prestigio de sus universidades. Y tiene dificultades para distinguir entre
datos y rigor, así como entre lo literal y lo satírico.
Desigualdad y el
pellejo en juego
Un ejecutivo sin el
pellejo en juego, es decir, sin penalidades financieras, recibe una generosa
paga por presentar periódicamente un balance de la compañía a los dueños o
accionistas y que no necesariamente refleja su situación real. Puede manipular
las métricas, esconder los riesgos, cobrar el bono, retirarse y culpar de todo
eso al sucesor cuando la situación ya ha colapsado.
El enfoque que se le
presta hoy a la cuestión de la desigualdad económica es muy estático. No es lo
mismo la desigualdad en Estados Unidos que en Europa. Por decir, sólo el 10% de
las 500 personas más ricas de EE.UU. lo eran hace 30 años, mientras que en
Francia lo es el 60%. Taleb considera que el skin in the game puede ayudar a hacer más dinámica la estructura
económica, previniendo su estancamiento. Sacar dinero a los más ricos para dar
a los más pobres no es sustentable para generar una igualdad dinámica, sino
forzar a los ricos a arriesgarse más por mantenerse en el 1% superior. Un
ejemplo de ello podría ser eliminar barreras que permiten a los ricos mantenerse
ricos a costa de los contribuyentes y otras barreras políticas que impiden a
los pobres poder hacerse ricos.
Ciencia y el ritualismo
académico
Taleb considera que la
ciencia dura debería ser robusta frente a su patologización. Critica a las
ciencias sociales por degradar su esencia. Las academias hoy en día, con su
burocratización no ha hecho más que conformar una colusión entre revisores
científicos para aprobarse entre ellos artículos científicos de forma circular,
como un ritual autoreferencial de publicaciones. Y eso ha llevado a perder de
vista la investigación orientada a problemas reales. Gracias al problema de la
agencia, los investigadores tienen sus propios intereses y su propia agenda,
ajenos al de sus alumnos y la sociedad, quienes sufragan el costo de la
universidad. Hoy en día, saber de economía no significa saber mucho de economía
en la vida diaria, sino sus teorías, muchas de las cuales son humo producido
por economistas. Tampoco se salvan de las críticas las investigaciones de
psicología, sociología, estudios de género, entre otros.
Muchos de ellos trabajan
para redireccionar políticas públicas hacia sus intereses, quieren conferirse
un estatus superior para dirigir la vida de los demás y a la vez evitar sufrir
las consecuencias que inevitablemente las sufre el resto. Lo que evidencia una
carencia total de skin in the game.
Como en Fooled by Randomness, Taleb apela a las
ideas científicas de Popper, en las que dice que la ciencia es una empresa en
la que produce enunciados que pueden ser refutados por observaciones
eventuales, no una serie de observaciones verificables: la ciencia en esencia
busca desmentir, no confirmar. Y la razón por la que funciona no es porque haya
un método científico ideal de acuerdo a lo que digan unos científicos de
laboratorio, sino porque sus ideas sobreviven a lo largo del tiempo exponiendo
su fragilidad a la vida real, es decir, expuestas al método de la falsación. Y
el tiempo es la mejor prueba de falsación (efecto Lindy).
Efecto Lindy
En Antifragile, Taleb toma prestada la idea de Benoît Mandelbrot, en
la que manifiesta que las cosas creadas por el ser humano, si sobreviven al
tiempo, “envejecen al revés”. Es decir, cuanto más tiempo sobrevive una idea o
elemento, es probable que sobreviva por más tiempo. Es un enfoque
probabilístico, no de verdad absoluta. Un buen ejemplo sería las canciones de
Mozart, que llevan más de 200 años siendo escuchadas, o las de The Rolling
Stones, que las llevamos escuchando más de 50 años. Según el efecto Lindy, es
probable que las canciones de Bach sobrevivan otros 200 años y las de The
Rolling Stones otros 50 años.
Y en Skin in the Game, Taleb brinda un punto de vista más sobre el Efecto
Lindy, en la que explica que las ideas y los elementos, para poder sobrevivir a
lo largo del tiempo, necesariamente deben exponerse al riesgo de que no
sobrevivan. Una idea sobrevive si ayuda a gestionar mejor el riesgo, a no hacer
daño a quienes la ejecuten y a favorecer su supervivencia. Eso puede aplicarse
a ciertas supersticiones y rituales religiosos que han sobrevivido no sólo
siglos, sino milenios.
Otra cosa que le debemos
al efecto Lindy es que gracias a la repetición los detalles que no percibimos
al principio se nos revelan.
Si has leído las obras
anteriores de Taleb, puede que esta obra te parezca muy familiar y hasta algo
repetitiva por todos los conceptos que maneja de manera reiterada, lo hace así
para asegurar de que sus ideas sean bien entendidas, y su lectura es una
experiencia de aprendizaje lúdico.
Para quienes no han leído
nada de Taleb, les recomiendo que empiecen con Fooled by Randomness –Engañados
por el Azar en la versión española–, y continúen con The Black Swan, Antifragile
y, por último, Skin in the Game. Puedo garantizarles que, si tienen la voluntad suficiente, les marcará un antes y un después en sus formas de entender la realidad y sus eventos. ¿Se animan a jugarse (un poco) el pellejo?

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