viernes, 17 de agosto de 2018

Skin in the Game: Hidden Asymmetries in Daily Life, de Nassim N. Taleb


En su último libro, Skin in the Game: Hidden Asymmetries in Daily Life, Nassim Nicholas Taleb continúa la línea argumental de sus libros anteriores (Bed of Procrustes, Fooled by Randomness, The Black Swan, Antifragile), que tratan sobre: incertidumbre, aleatoriedad, observaciones técnicas sobre estadística y probabilidad, racionalidad en sistemas complejos, relaciones asimétricas, sesgos cognitivos, epistemología, metodología del conocimiento, además de principios éticos para la vida cotidiana.

Idea central del libro

Skin in the game es jugarse el pellejo, es la idea de tener algo propio con que arriesgarse a perderlo para evitar sobreexponerse a riesgos que uno cometería a costa de otros si no tuviera nada propio en juego. Taleb lo postula como una heurística ética y racional para la gestión de riesgos. No busca eliminarlos todos (eso sería imposible), sino reducir las divergencias que se producen a causa de la falta de skin in the game. Esas divergencias pueden desencadenar consecuencias que afectan de manera sistemática a la sociedad, sobre todo a la gente de clase media y baja, casi nunca a la élite, a pesar de que la élite misma ha tenido responsabilidad en haberla conducido a esa situación.

En el libro, Taleb hace énfasis en que el conocimiento humano debe estar siempre en contacto con la realidad, y que exponerse a los riesgos del mundo real y a sus respectivas consecuencias, sean positivas o negativas, es una buena manera de guiar el aprendizaje humano (pathemata mathemata: aprendizaje a través del dolor). El conocimiento que obtenemos a través de la práctica cotidiana, el método de prueba y error, la experiencia acumulada y el manejo de los tiempos es más robusto que al obtenido a través de opiniones, razonamientos, construcciones sociales y otras conceptualizaciones de carácter abstracto en lugares aislados como en ciertas academias de ciencias sociales.

Asimetrías y el problema de la agencia

Una de las cuestiones que este libro plantea son las asimetrías que se ocultan detrás de los incentivos de la vida diaria. Poniendo a la crisis del 2008 como un claro ejemplo: los agentes se beneficiaron espectacularmente de la euforia bursátil en la etapa previa hasta que llegó el desplome, en el cual no sufrieron consecuencia alguna y no fueron penalizados por haber expuesto desmedidamente los activos de sus clientes. La situación podría haber sido diferente si los agentes hubiesen expuesto sus propios activos, ya que así, en general, hubieran gestionado el riesgo con mayor prudencia. Un banquero que había sido ejecutivo de Goldman Sachs y posteriormente secretario del Tesoro durante la presidencia de Bill Clinton, al abandonar ese cargo pasó a Citibank y allí obtuvo una remuneración acumulada de 120 millones de dólares, monto del que no devolvió ni un centavo cuando el gobierno rescató al banco en la crisis del 2008.

Los intereses de los agentes no necesariamente se alinean con los intereses del cliente (problema de la agencia), puede darse la situación de que el agente oculte información a su cliente hasta que éste descubra por las malas que su agente se lo ha ocultado. Eso se conoce como asimetría de información, en la que el agente persigue un beneficio, pero transfiere los riesgos al cliente. Como dice Taleb: “Ninguna persona en una transacción debería tener certezas acerca de los resultados de la operación mientras la otra persona esté en incertidumbre”. Ante esa situación, es recomendable no tomar consejos de quienes viven de ello, a menos que se expongan a alguna penalidad en caso de error. Aun así, Taleb reconoce que las penalidades no son suficientes para evitar las consecuencias negativas debido a la naturaleza humana, que es falible. No todos son capaces de perseguir su propio beneficio, por ejemplo: drogadictos, alcohólicos, gente atrapada en malas relaciones, periodistas, adictos al trabajo, y demás personas que por algún motivo actúan contra sus propios intereses. Cabe aclarar que el skin in the game no va de hacer más eficiente el sistema, sino de filtrar a los menos avispados para evitar que el sistema sufra daños estructurales.

La burocratización es un problema que a todos nos ha pasado alguna vez, ir de ventanilla en ventanilla, papeleos sin fin, entre otros. Un sistema excesivamente burocratizado tiende a acumular complejidad (ruido) sin que implique valor añadido al proceso. Eso porque la gente a cargo de las decisiones de una organización en la que no son propietarios toma más en cuenta ofrecer soluciones complejas, propias de sus profesiones sofisticadas, en las que pueden sacar mayor rédito. Además, burocratizar un proceso, en cierto modo, es restar responsabilidad a quienes lo llevan a cabo, una vez hecho, ya no es más un problema de ellos. Así, es más probable que el sistema tienda a crecer en complejidad sin valor añadido, hasta que colapsa. ¿Ejemplo? Las agencias calificadoras de riesgo y los bancos que ofrecían hipotecas sub-prime antes de la crisis del 2008 (Les recomiendo la película La Gran Apuesta, que explica de manera precisa y didáctica cómo ocurrió esa crisis).

La dictadura de la minoría

Otro postulado del libro trata sobre que no siempre podemos juzgar el conjunto como la suma de sus componentes. Juzgar a un individuo casi nunca nos explicará cómo funciona su comunidad. Para eso, hay que entender a la comunidad como una comunidad, no como una mera suma de individuos. La comunidad también incluye las interacciones entre sus individuos.

Y eso nos lleva a la dictadura de la minoría, considerada por Taleb como la madre de las asimetrías. Basta un número pequeño de gente intolerante (entre el 3% y 4% de una población) para subyugar al resto de la comunidad a sus preferencias. Un observador ignorante se quedaría con la falsa impresión de que las elecciones y preferencias son de la mayoría. Pero basta observar a las comunidades que se alimentan sólo con comida kosher o halal en los países occidentales, donde representan como mucho el 10% de la población, pero un 70% de supermercados y otros negocios gastronómicos venden comida kosher o halal. Una persona kosher o halal sólo puede alimentarse con comidas y bebidas kosher o halal, en cambio, una persona que no pertenezca a esas comunidades no pondría tantos reparos en ver si su comida cumple con sus estándares religiosos. Lo mismo ocurre que en aviones no haya maníes, debido a las severas consecuencias que sufren las personas alérgicas al maní, sin ser un grupo mayoritario. O también el auge de los automóviles con cambio automático, que no precisamente se deba a que la mayoría prefiera el automático, sino con que parte de los que manejan automático sólo saben conducir de ese modo, en cambio, quienes manejan con cambio manual saben hacerlo con el automático.

Lo mismo puede decirse de los mercados, que tampoco son solo las sumas de sus participantes. Y los cambios de precios que se dan en esos mismos mercados son gracias a la compraventa de sus participantes (vendedores y compradores) más motivados. Los mercados pueden responder de manera desproporcional ante ciertas desviaciones improvistas. Taleb define a los mercados como “una gran sala de cine con una puerta de salida pequeña”.

Lo cual nos lleva a: las sociedades no forman sus normas gracias a la evolución del consenso, sino a las acciones de la minoría más intolerante. Son las personas más intolerantes quienes imponen sus virtudes a la mayoría. Basta observar que, a lo largo de la historia, las revoluciones casi siempre fueron fraguadas por una minoría obsesionada con imponer sus ideales sobre los demás.

Intelectuales-Pero-Idiotas

Taleb critica de manera despiadada a los académicos y burócratas que se creen expertos para dirigir la vida de los demás. Y los llama Intellectual-Yet-Idiot (IYI), en castellano sería Intelectual-Pero-Idiota. Ese tipo de intelectual es el que cree que la teoría puede separarse de la práctica y que los problemas complejos siempre se pueden resolver desde la jerarquía (políticas públicas). Y también cree que el cientificismo es más científico que la ciencia real, siendo incapaz de distinguir entre ambos. El cientificismo es una interpretación ingenua de la ciencia, como si fuera complicada de entender, y no como un proceso esquematizado que debe llevarse a cabo con cierto escepticismo en cuanto a sus resultados. Un ejemplo de cientificismo es creer que reemplazar tu propia mano, aunque no tengas discapacidad alguna, por una prótesis biónica por el hecho de verse muy tecnológica. Reemplazar lo natural, que ha sobrevivido millones de años enfrentando situaciones estresantes, por algo que sólo ha sido evaluado en una revista científica no es ciencia y tampoco es una buena práctica. La ciencia ha sido tomada por algunos para promocionar sus productos como una solución científica (margarina, transgénicos, etc.) y a la vez procuran silenciar a los escépticos, tachándolos de “anti-ciencia”.

El IYI se caracteriza por no tener la valentía de jugarse por sus ideas, prefiere que otros asuman el riesgo y así no sufrir las consecuencias. Se los suele ubicar en oficinas de periódicos, organizaciones de activismo político, departamentos universitarios de ciencias sociales, etc. El IYI patologiza a los demás por hacer cosas que él no entiende, sin darse cuenta de que su propio entendimiento es limitado. Prefiere llamarlos “ignorantes”. Considera que un sistema es democrático cuando gana el partido de su preferencia, o populismo cuando los “ignorantes” votan a un partido que contradice las preferencias del IYI. Ve con buenos ojos un sistema llamado epistocracia, en el que sólo votan los “educados”, cuyos votos se puntuarían de acuerdo a cuántos estudios hayan hecho y dependiendo del prestigio de sus universidades. Y tiene dificultades para distinguir entre datos y rigor, así como entre lo literal y lo satírico.

Desigualdad y el pellejo en juego

Un ejecutivo sin el pellejo en juego, es decir, sin penalidades financieras, recibe una generosa paga por presentar periódicamente un balance de la compañía a los dueños o accionistas y que no necesariamente refleja su situación real. Puede manipular las métricas, esconder los riesgos, cobrar el bono, retirarse y culpar de todo eso al sucesor cuando la situación ya ha colapsado.

El enfoque que se le presta hoy a la cuestión de la desigualdad económica es muy estático. No es lo mismo la desigualdad en Estados Unidos que en Europa. Por decir, sólo el 10% de las 500 personas más ricas de EE.UU. lo eran hace 30 años, mientras que en Francia lo es el 60%. Taleb considera que el skin in the game puede ayudar a hacer más dinámica la estructura económica, previniendo su estancamiento. Sacar dinero a los más ricos para dar a los más pobres no es sustentable para generar una igualdad dinámica, sino forzar a los ricos a arriesgarse más por mantenerse en el 1% superior. Un ejemplo de ello podría ser eliminar barreras que permiten a los ricos mantenerse ricos a costa de los contribuyentes y otras barreras políticas que impiden a los pobres poder hacerse ricos.

Ciencia y el ritualismo académico

Taleb considera que la ciencia dura debería ser robusta frente a su patologización. Critica a las ciencias sociales por degradar su esencia. Las academias hoy en día, con su burocratización no ha hecho más que conformar una colusión entre revisores científicos para aprobarse entre ellos artículos científicos de forma circular, como un ritual autoreferencial de publicaciones. Y eso ha llevado a perder de vista la investigación orientada a problemas reales. Gracias al problema de la agencia, los investigadores tienen sus propios intereses y su propia agenda, ajenos al de sus alumnos y la sociedad, quienes sufragan el costo de la universidad. Hoy en día, saber de economía no significa saber mucho de economía en la vida diaria, sino sus teorías, muchas de las cuales son humo producido por economistas. Tampoco se salvan de las críticas las investigaciones de psicología, sociología, estudios de género, entre otros.

Muchos de ellos trabajan para redireccionar políticas públicas hacia sus intereses, quieren conferirse un estatus superior para dirigir la vida de los demás y a la vez evitar sufrir las consecuencias que inevitablemente las sufre el resto. Lo que evidencia una carencia total de skin in the game.
Como en Fooled by Randomness, Taleb apela a las ideas científicas de Popper, en las que dice que la ciencia es una empresa en la que produce enunciados que pueden ser refutados por observaciones eventuales, no una serie de observaciones verificables: la ciencia en esencia busca desmentir, no confirmar. Y la razón por la que funciona no es porque haya un método científico ideal de acuerdo a lo que digan unos científicos de laboratorio, sino porque sus ideas sobreviven a lo largo del tiempo exponiendo su fragilidad a la vida real, es decir, expuestas al método de la falsación. Y el tiempo es la mejor prueba de falsación (efecto Lindy).

Efecto Lindy

En Antifragile, Taleb toma prestada la idea de Benoît Mandelbrot, en la que manifiesta que las cosas creadas por el ser humano, si sobreviven al tiempo, “envejecen al revés”. Es decir, cuanto más tiempo sobrevive una idea o elemento, es probable que sobreviva por más tiempo. Es un enfoque probabilístico, no de verdad absoluta. Un buen ejemplo sería las canciones de Mozart, que llevan más de 200 años siendo escuchadas, o las de The Rolling Stones, que las llevamos escuchando más de 50 años. Según el efecto Lindy, es probable que las canciones de Bach sobrevivan otros 200 años y las de The Rolling Stones otros 50 años.

Y en Skin in the Game, Taleb brinda un punto de vista más sobre el Efecto Lindy, en la que explica que las ideas y los elementos, para poder sobrevivir a lo largo del tiempo, necesariamente deben exponerse al riesgo de que no sobrevivan. Una idea sobrevive si ayuda a gestionar mejor el riesgo, a no hacer daño a quienes la ejecuten y a favorecer su supervivencia. Eso puede aplicarse a ciertas supersticiones y rituales religiosos que han sobrevivido no sólo siglos, sino milenios.

Otra cosa que le debemos al efecto Lindy es que gracias a la repetición los detalles que no percibimos al principio se nos revelan.


Si has leído las obras anteriores de Taleb, puede que esta obra te parezca muy familiar y hasta algo repetitiva por todos los conceptos que maneja de manera reiterada, lo hace así para asegurar de que sus ideas sean bien entendidas, y su lectura es una experiencia de aprendizaje lúdico.

Para quienes no han leído nada de Taleb, les recomiendo que empiecen con Fooled by RandomnessEngañados por el Azar en la versión española–, y continúen con The Black Swan, Antifragile y, por último, Skin in the GamePuedo garantizarles que, si tienen la voluntad suficiente, les marcará un antes y un después en sus formas de entender la realidad y sus eventos. ¿Se animan a jugarse (un poco) el pellejo?

jueves, 12 de abril de 2018

Tres pensamientos (estoicos) de Marco Aurelio

He leído Meditaciones, de Marco Aurelio, emperador del Imperio Romano desde el año 161 d.C. hasta 180 d.C., año de su muerte. Su obra, escrita durante los últimos años de su vida, recoge reflexiones sobre la vida y la actitud de afrontarla tanto en la prosperidad como en la adversidad. Me he permitido compartir tres de sus pensamientos que sintetizan la actitud de vida de un estoico:

I

"Ser igual que el promontorio contra el que sin interrupción se estrellan las olas. Éste se mantiene firme, y en torno a él se adormece la espuma del oleaje. «¡Desdichado de mí, porque me aconteció eso!» Pero no, al contrario: «Soy afortunado, porque, a causa de lo que me ha ocurrido, persisto hasta el fin sin aflicción, ni abrumado por el presente ni asustado por el futuro Porque algo semejante pudo acontecer a todo el mundo, pero no todo el mundo hubiera podido seguir hasta el fin, sin aflicción, después de eso. ¿Y por qué, entonces, va a ser eso un infortunio más que esto buena fortuna? ¿Acaso denominas, en suma, desgracia de un hombre a lo que no es desgracia de la naturaleza del hombre? ¿Y te parece aberración de la naturaleza humana lo que no va contra el designio de su propia naturaleza? ¿Por qué, pues? ¿Has aprendido tal designo? ¿Te impide este suceso ser justo, magnánimo, sensato, prudente, reflexivo, sincero, discreto, libre, etc., conjunto de virtudes con las cuales la naturaleza humana contiene lo que le es peculiar? Acuérdate, a partir de ahora, en todo suceso que te induzca a la aflicción, de utilizar este principio: No es eso un infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad."


II

"«No pueden admirar tu perspicacia.» Está bien. Pero existen otras muchas cualidades sobre las que no puedes decir: «No tengo dotes naturales.» Procúrate, pues, aquellas que están enteramente en tus manos: la integridad, la gravedad, la resistencia al esfuerzo, el desprecio a los placeres, la resignación ante el destino, la necesidad de pocas cosas, la benevolencia, la libertad, la sencillez, la austeridad, la magnanimidad. ¿No te das cuenta de cuántas cualidades puedes procurarte ya, respecto a las cuales ningún pretexto tienes de incapacidad natural ni de insuficiente aptitud? Con todo, persistes todavía por propia voluntad por debajo de tus posibilidades. ¿Acaso te ves obligado a refunfuñar, a ser mezquino, a adular, a echar las culpas a tu cuerpo, a complacerte, a comportarte atolondradamente, a tener tu alma tan inquieta a causa de tu carencia de aptitudes naturales? No, por los dioses. Tiempo ha que pudiste estar libre de estos defectos, y tan sólo ser acusado tal vez de excesiva lentitud y torpeza de comprensión. Pero también esto es algo que debe ejercitarse, sin menospreciar la lentitud ni complacerse en ella."


III

"Al amanecer, cuando de mala gana y perezosamente despiertes, acuda puntual a ti este pensamiento: «Despierto para cumplir una tarea propia de hombre.» ¿Voy, pues, a seguir disgustado, si me encamino a hacer aquella tarea que justifica mi existencia y para la cual he sido traído al mundo? ¿O es que he sido formado para calentarme, reclinado entre pequeños cobertores? «Pero eso es más agradable». ¿Has nacido, pues, para deleitarte? Y, en suma, ¿has nacido para la pasividad o para la actividad? ¿No ves que los arbustos, los pajarillos, las hormigas, las arañas, las abejas, cumplen su función propia, contribuyendo por su cuenta al orden del mundo? Y tú entonces, ¿rehúsas hacer lo que es propio del hombre? ¿No persigues con ahínco lo que está de acuerdo con tu naturaleza? «Mas es necesario también reposar.» Lo es; también yo lo mantengo. Pero también la naturaleza ha marcado límites al reposo, como también ha fijado límites en la comida y en la bebida, y a pesar de eso, ¿no superas la medida, excediéndote más de lo que es suficiente? Y en tus acciones no sólo no cumples lo suficiente, sino que te quedas por debajo de tus posibilidades. Por consiguiente, no te amas a ti mismo, porque ciertamente en aquel caso amarías tu naturaleza y su propósito. Otros, que aman su profesión, se consumen en el ejercicio del trabajo idóneo, sin lavarse y sin comer. Pero tú estimas menos tu propia naturaleza que el cincelador su cincel, el danzarín su danza, el avaro su dinero, el presuntuoso su vanagloria. Estos, sin embargo, cuando sienten pasión por algo, ni comer ni dormir quieren antes de haber contribuido al progreso de aquellos objetivos a los que se entregan. Y a ti, ¿te parecen las actividades comunitarias desprovistas de valor y merecedoras de menor atención?"