viernes, 17 de agosto de 2018

Skin in the Game: Hidden Asymmetries in Daily Life, de Nassim N. Taleb


En su último libro, Skin in the Game: Hidden Asymmetries in Daily Life, Nassim Nicholas Taleb continúa la línea argumental de sus libros anteriores (Bed of Procrustes, Fooled by Randomness, The Black Swan, Antifragile), que tratan sobre: incertidumbre, aleatoriedad, observaciones técnicas sobre estadística y probabilidad, racionalidad en sistemas complejos, relaciones asimétricas, sesgos cognitivos, epistemología, metodología del conocimiento, además de principios éticos para la vida cotidiana.

Idea central del libro

Skin in the game es jugarse el pellejo, es la idea de tener algo propio con que arriesgarse a perderlo para evitar sobreexponerse a riesgos que uno cometería a costa de otros si no tuviera nada propio en juego. Taleb lo postula como una heurística ética y racional para la gestión de riesgos. No busca eliminarlos todos (eso sería imposible), sino reducir las divergencias que se producen a causa de la falta de skin in the game. Esas divergencias pueden desencadenar consecuencias que afectan de manera sistemática a la sociedad, sobre todo a la gente de clase media y baja, casi nunca a la élite, a pesar de que la élite misma ha tenido responsabilidad en haberla conducido a esa situación.

En el libro, Taleb hace énfasis en que el conocimiento humano debe estar siempre en contacto con la realidad, y que exponerse a los riesgos del mundo real y a sus respectivas consecuencias, sean positivas o negativas, es una buena manera de guiar el aprendizaje humano (pathemata mathemata: aprendizaje a través del dolor). El conocimiento que obtenemos a través de la práctica cotidiana, el método de prueba y error, la experiencia acumulada y el manejo de los tiempos es más robusto que al obtenido a través de opiniones, razonamientos, construcciones sociales y otras conceptualizaciones de carácter abstracto en lugares aislados como en ciertas academias de ciencias sociales.

Asimetrías y el problema de la agencia

Una de las cuestiones que este libro plantea son las asimetrías que se ocultan detrás de los incentivos de la vida diaria. Poniendo a la crisis del 2008 como un claro ejemplo: los agentes se beneficiaron espectacularmente de la euforia bursátil en la etapa previa hasta que llegó el desplome, en el cual no sufrieron consecuencia alguna y no fueron penalizados por haber expuesto desmedidamente los activos de sus clientes. La situación podría haber sido diferente si los agentes hubiesen expuesto sus propios activos, ya que así, en general, hubieran gestionado el riesgo con mayor prudencia. Un banquero que había sido ejecutivo de Goldman Sachs y posteriormente secretario del Tesoro durante la presidencia de Bill Clinton, al abandonar ese cargo pasó a Citibank y allí obtuvo una remuneración acumulada de 120 millones de dólares, monto del que no devolvió ni un centavo cuando el gobierno rescató al banco en la crisis del 2008.

Los intereses de los agentes no necesariamente se alinean con los intereses del cliente (problema de la agencia), puede darse la situación de que el agente oculte información a su cliente hasta que éste descubra por las malas que su agente se lo ha ocultado. Eso se conoce como asimetría de información, en la que el agente persigue un beneficio, pero transfiere los riesgos al cliente. Como dice Taleb: “Ninguna persona en una transacción debería tener certezas acerca de los resultados de la operación mientras la otra persona esté en incertidumbre”. Ante esa situación, es recomendable no tomar consejos de quienes viven de ello, a menos que se expongan a alguna penalidad en caso de error. Aun así, Taleb reconoce que las penalidades no son suficientes para evitar las consecuencias negativas debido a la naturaleza humana, que es falible. No todos son capaces de perseguir su propio beneficio, por ejemplo: drogadictos, alcohólicos, gente atrapada en malas relaciones, periodistas, adictos al trabajo, y demás personas que por algún motivo actúan contra sus propios intereses. Cabe aclarar que el skin in the game no va de hacer más eficiente el sistema, sino de filtrar a los menos avispados para evitar que el sistema sufra daños estructurales.

La burocratización es un problema que a todos nos ha pasado alguna vez, ir de ventanilla en ventanilla, papeleos sin fin, entre otros. Un sistema excesivamente burocratizado tiende a acumular complejidad (ruido) sin que implique valor añadido al proceso. Eso porque la gente a cargo de las decisiones de una organización en la que no son propietarios toma más en cuenta ofrecer soluciones complejas, propias de sus profesiones sofisticadas, en las que pueden sacar mayor rédito. Además, burocratizar un proceso, en cierto modo, es restar responsabilidad a quienes lo llevan a cabo, una vez hecho, ya no es más un problema de ellos. Así, es más probable que el sistema tienda a crecer en complejidad sin valor añadido, hasta que colapsa. ¿Ejemplo? Las agencias calificadoras de riesgo y los bancos que ofrecían hipotecas sub-prime antes de la crisis del 2008 (Les recomiendo la película La Gran Apuesta, que explica de manera precisa y didáctica cómo ocurrió esa crisis).

La dictadura de la minoría

Otro postulado del libro trata sobre que no siempre podemos juzgar el conjunto como la suma de sus componentes. Juzgar a un individuo casi nunca nos explicará cómo funciona su comunidad. Para eso, hay que entender a la comunidad como una comunidad, no como una mera suma de individuos. La comunidad también incluye las interacciones entre sus individuos.

Y eso nos lleva a la dictadura de la minoría, considerada por Taleb como la madre de las asimetrías. Basta un número pequeño de gente intolerante (entre el 3% y 4% de una población) para subyugar al resto de la comunidad a sus preferencias. Un observador ignorante se quedaría con la falsa impresión de que las elecciones y preferencias son de la mayoría. Pero basta observar a las comunidades que se alimentan sólo con comida kosher o halal en los países occidentales, donde representan como mucho el 10% de la población, pero un 70% de supermercados y otros negocios gastronómicos venden comida kosher o halal. Una persona kosher o halal sólo puede alimentarse con comidas y bebidas kosher o halal, en cambio, una persona que no pertenezca a esas comunidades no pondría tantos reparos en ver si su comida cumple con sus estándares religiosos. Lo mismo ocurre que en aviones no haya maníes, debido a las severas consecuencias que sufren las personas alérgicas al maní, sin ser un grupo mayoritario. O también el auge de los automóviles con cambio automático, que no precisamente se deba a que la mayoría prefiera el automático, sino con que parte de los que manejan automático sólo saben conducir de ese modo, en cambio, quienes manejan con cambio manual saben hacerlo con el automático.

Lo mismo puede decirse de los mercados, que tampoco son solo las sumas de sus participantes. Y los cambios de precios que se dan en esos mismos mercados son gracias a la compraventa de sus participantes (vendedores y compradores) más motivados. Los mercados pueden responder de manera desproporcional ante ciertas desviaciones improvistas. Taleb define a los mercados como “una gran sala de cine con una puerta de salida pequeña”.

Lo cual nos lleva a: las sociedades no forman sus normas gracias a la evolución del consenso, sino a las acciones de la minoría más intolerante. Son las personas más intolerantes quienes imponen sus virtudes a la mayoría. Basta observar que, a lo largo de la historia, las revoluciones casi siempre fueron fraguadas por una minoría obsesionada con imponer sus ideales sobre los demás.

Intelectuales-Pero-Idiotas

Taleb critica de manera despiadada a los académicos y burócratas que se creen expertos para dirigir la vida de los demás. Y los llama Intellectual-Yet-Idiot (IYI), en castellano sería Intelectual-Pero-Idiota. Ese tipo de intelectual es el que cree que la teoría puede separarse de la práctica y que los problemas complejos siempre se pueden resolver desde la jerarquía (políticas públicas). Y también cree que el cientificismo es más científico que la ciencia real, siendo incapaz de distinguir entre ambos. El cientificismo es una interpretación ingenua de la ciencia, como si fuera complicada de entender, y no como un proceso esquematizado que debe llevarse a cabo con cierto escepticismo en cuanto a sus resultados. Un ejemplo de cientificismo es creer que reemplazar tu propia mano, aunque no tengas discapacidad alguna, por una prótesis biónica por el hecho de verse muy tecnológica. Reemplazar lo natural, que ha sobrevivido millones de años enfrentando situaciones estresantes, por algo que sólo ha sido evaluado en una revista científica no es ciencia y tampoco es una buena práctica. La ciencia ha sido tomada por algunos para promocionar sus productos como una solución científica (margarina, transgénicos, etc.) y a la vez procuran silenciar a los escépticos, tachándolos de “anti-ciencia”.

El IYI se caracteriza por no tener la valentía de jugarse por sus ideas, prefiere que otros asuman el riesgo y así no sufrir las consecuencias. Se los suele ubicar en oficinas de periódicos, organizaciones de activismo político, departamentos universitarios de ciencias sociales, etc. El IYI patologiza a los demás por hacer cosas que él no entiende, sin darse cuenta de que su propio entendimiento es limitado. Prefiere llamarlos “ignorantes”. Considera que un sistema es democrático cuando gana el partido de su preferencia, o populismo cuando los “ignorantes” votan a un partido que contradice las preferencias del IYI. Ve con buenos ojos un sistema llamado epistocracia, en el que sólo votan los “educados”, cuyos votos se puntuarían de acuerdo a cuántos estudios hayan hecho y dependiendo del prestigio de sus universidades. Y tiene dificultades para distinguir entre datos y rigor, así como entre lo literal y lo satírico.

Desigualdad y el pellejo en juego

Un ejecutivo sin el pellejo en juego, es decir, sin penalidades financieras, recibe una generosa paga por presentar periódicamente un balance de la compañía a los dueños o accionistas y que no necesariamente refleja su situación real. Puede manipular las métricas, esconder los riesgos, cobrar el bono, retirarse y culpar de todo eso al sucesor cuando la situación ya ha colapsado.

El enfoque que se le presta hoy a la cuestión de la desigualdad económica es muy estático. No es lo mismo la desigualdad en Estados Unidos que en Europa. Por decir, sólo el 10% de las 500 personas más ricas de EE.UU. lo eran hace 30 años, mientras que en Francia lo es el 60%. Taleb considera que el skin in the game puede ayudar a hacer más dinámica la estructura económica, previniendo su estancamiento. Sacar dinero a los más ricos para dar a los más pobres no es sustentable para generar una igualdad dinámica, sino forzar a los ricos a arriesgarse más por mantenerse en el 1% superior. Un ejemplo de ello podría ser eliminar barreras que permiten a los ricos mantenerse ricos a costa de los contribuyentes y otras barreras políticas que impiden a los pobres poder hacerse ricos.

Ciencia y el ritualismo académico

Taleb considera que la ciencia dura debería ser robusta frente a su patologización. Critica a las ciencias sociales por degradar su esencia. Las academias hoy en día, con su burocratización no ha hecho más que conformar una colusión entre revisores científicos para aprobarse entre ellos artículos científicos de forma circular, como un ritual autoreferencial de publicaciones. Y eso ha llevado a perder de vista la investigación orientada a problemas reales. Gracias al problema de la agencia, los investigadores tienen sus propios intereses y su propia agenda, ajenos al de sus alumnos y la sociedad, quienes sufragan el costo de la universidad. Hoy en día, saber de economía no significa saber mucho de economía en la vida diaria, sino sus teorías, muchas de las cuales son humo producido por economistas. Tampoco se salvan de las críticas las investigaciones de psicología, sociología, estudios de género, entre otros.

Muchos de ellos trabajan para redireccionar políticas públicas hacia sus intereses, quieren conferirse un estatus superior para dirigir la vida de los demás y a la vez evitar sufrir las consecuencias que inevitablemente las sufre el resto. Lo que evidencia una carencia total de skin in the game.
Como en Fooled by Randomness, Taleb apela a las ideas científicas de Popper, en las que dice que la ciencia es una empresa en la que produce enunciados que pueden ser refutados por observaciones eventuales, no una serie de observaciones verificables: la ciencia en esencia busca desmentir, no confirmar. Y la razón por la que funciona no es porque haya un método científico ideal de acuerdo a lo que digan unos científicos de laboratorio, sino porque sus ideas sobreviven a lo largo del tiempo exponiendo su fragilidad a la vida real, es decir, expuestas al método de la falsación. Y el tiempo es la mejor prueba de falsación (efecto Lindy).

Efecto Lindy

En Antifragile, Taleb toma prestada la idea de Benoît Mandelbrot, en la que manifiesta que las cosas creadas por el ser humano, si sobreviven al tiempo, “envejecen al revés”. Es decir, cuanto más tiempo sobrevive una idea o elemento, es probable que sobreviva por más tiempo. Es un enfoque probabilístico, no de verdad absoluta. Un buen ejemplo sería las canciones de Mozart, que llevan más de 200 años siendo escuchadas, o las de The Rolling Stones, que las llevamos escuchando más de 50 años. Según el efecto Lindy, es probable que las canciones de Bach sobrevivan otros 200 años y las de The Rolling Stones otros 50 años.

Y en Skin in the Game, Taleb brinda un punto de vista más sobre el Efecto Lindy, en la que explica que las ideas y los elementos, para poder sobrevivir a lo largo del tiempo, necesariamente deben exponerse al riesgo de que no sobrevivan. Una idea sobrevive si ayuda a gestionar mejor el riesgo, a no hacer daño a quienes la ejecuten y a favorecer su supervivencia. Eso puede aplicarse a ciertas supersticiones y rituales religiosos que han sobrevivido no sólo siglos, sino milenios.

Otra cosa que le debemos al efecto Lindy es que gracias a la repetición los detalles que no percibimos al principio se nos revelan.


Si has leído las obras anteriores de Taleb, puede que esta obra te parezca muy familiar y hasta algo repetitiva por todos los conceptos que maneja de manera reiterada, lo hace así para asegurar de que sus ideas sean bien entendidas, y su lectura es una experiencia de aprendizaje lúdico.

Para quienes no han leído nada de Taleb, les recomiendo que empiecen con Fooled by RandomnessEngañados por el Azar en la versión española–, y continúen con The Black Swan, Antifragile y, por último, Skin in the GamePuedo garantizarles que, si tienen la voluntad suficiente, les marcará un antes y un después en sus formas de entender la realidad y sus eventos. ¿Se animan a jugarse (un poco) el pellejo?

jueves, 12 de abril de 2018

Tres pensamientos (estoicos) de Marco Aurelio

He leído Meditaciones, de Marco Aurelio, emperador del Imperio Romano desde el año 161 d.C. hasta 180 d.C., año de su muerte. Su obra, escrita durante los últimos años de su vida, recoge reflexiones sobre la vida y la actitud de afrontarla tanto en la prosperidad como en la adversidad. Me he permitido compartir tres de sus pensamientos que sintetizan la actitud de vida de un estoico:

I

"Ser igual que el promontorio contra el que sin interrupción se estrellan las olas. Éste se mantiene firme, y en torno a él se adormece la espuma del oleaje. «¡Desdichado de mí, porque me aconteció eso!» Pero no, al contrario: «Soy afortunado, porque, a causa de lo que me ha ocurrido, persisto hasta el fin sin aflicción, ni abrumado por el presente ni asustado por el futuro Porque algo semejante pudo acontecer a todo el mundo, pero no todo el mundo hubiera podido seguir hasta el fin, sin aflicción, después de eso. ¿Y por qué, entonces, va a ser eso un infortunio más que esto buena fortuna? ¿Acaso denominas, en suma, desgracia de un hombre a lo que no es desgracia de la naturaleza del hombre? ¿Y te parece aberración de la naturaleza humana lo que no va contra el designio de su propia naturaleza? ¿Por qué, pues? ¿Has aprendido tal designo? ¿Te impide este suceso ser justo, magnánimo, sensato, prudente, reflexivo, sincero, discreto, libre, etc., conjunto de virtudes con las cuales la naturaleza humana contiene lo que le es peculiar? Acuérdate, a partir de ahora, en todo suceso que te induzca a la aflicción, de utilizar este principio: No es eso un infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad."


II

"«No pueden admirar tu perspicacia.» Está bien. Pero existen otras muchas cualidades sobre las que no puedes decir: «No tengo dotes naturales.» Procúrate, pues, aquellas que están enteramente en tus manos: la integridad, la gravedad, la resistencia al esfuerzo, el desprecio a los placeres, la resignación ante el destino, la necesidad de pocas cosas, la benevolencia, la libertad, la sencillez, la austeridad, la magnanimidad. ¿No te das cuenta de cuántas cualidades puedes procurarte ya, respecto a las cuales ningún pretexto tienes de incapacidad natural ni de insuficiente aptitud? Con todo, persistes todavía por propia voluntad por debajo de tus posibilidades. ¿Acaso te ves obligado a refunfuñar, a ser mezquino, a adular, a echar las culpas a tu cuerpo, a complacerte, a comportarte atolondradamente, a tener tu alma tan inquieta a causa de tu carencia de aptitudes naturales? No, por los dioses. Tiempo ha que pudiste estar libre de estos defectos, y tan sólo ser acusado tal vez de excesiva lentitud y torpeza de comprensión. Pero también esto es algo que debe ejercitarse, sin menospreciar la lentitud ni complacerse en ella."


III

"Al amanecer, cuando de mala gana y perezosamente despiertes, acuda puntual a ti este pensamiento: «Despierto para cumplir una tarea propia de hombre.» ¿Voy, pues, a seguir disgustado, si me encamino a hacer aquella tarea que justifica mi existencia y para la cual he sido traído al mundo? ¿O es que he sido formado para calentarme, reclinado entre pequeños cobertores? «Pero eso es más agradable». ¿Has nacido, pues, para deleitarte? Y, en suma, ¿has nacido para la pasividad o para la actividad? ¿No ves que los arbustos, los pajarillos, las hormigas, las arañas, las abejas, cumplen su función propia, contribuyendo por su cuenta al orden del mundo? Y tú entonces, ¿rehúsas hacer lo que es propio del hombre? ¿No persigues con ahínco lo que está de acuerdo con tu naturaleza? «Mas es necesario también reposar.» Lo es; también yo lo mantengo. Pero también la naturaleza ha marcado límites al reposo, como también ha fijado límites en la comida y en la bebida, y a pesar de eso, ¿no superas la medida, excediéndote más de lo que es suficiente? Y en tus acciones no sólo no cumples lo suficiente, sino que te quedas por debajo de tus posibilidades. Por consiguiente, no te amas a ti mismo, porque ciertamente en aquel caso amarías tu naturaleza y su propósito. Otros, que aman su profesión, se consumen en el ejercicio del trabajo idóneo, sin lavarse y sin comer. Pero tú estimas menos tu propia naturaleza que el cincelador su cincel, el danzarín su danza, el avaro su dinero, el presuntuoso su vanagloria. Estos, sin embargo, cuando sienten pasión por algo, ni comer ni dormir quieren antes de haber contribuido al progreso de aquellos objetivos a los que se entregan. Y a ti, ¿te parecen las actividades comunitarias desprovistas de valor y merecedoras de menor atención?"

martes, 10 de octubre de 2017

Después de un asado de domingo

El día anterior habíamos decidido almorzar matambre a la pizza. En el día hemos hecho lo siguiente: ir al súper, hacer las compras, llegar a casa, precalentar la parrilla. Un día de sol pleno, nos acomodamos debajo de un árbol de buena sombra. A último momento, se une uno más para el asado. Poner ambos cortes a la parrilla, picar y saltear locote con cebolla. He olvidado mirar a qué hora había puesto el matambre, sólo revisando visualmente podría saber cuán cocinada estaba. Comprobar la cocción, voltear ambos cortes, tomar varias rondas de tereré, echar el salteado y la salsa napolitana sobre el matambre, picar bien fino cebollita de verdeo, servir algunos chorizos para calmar la ansiedad, beber cerveza bien fría, revisar la cocción, poner abundante queso muzzarella, tapar la parrilla para producir efecto horno, levantar la tapa, retirar el matambre y sobre ello esparcir la cebollita picada.

Poner sillas y mesa bajo la misma sombra. El calor arreciaba, mas el tereré y la cerveza ayudaban a refrescarse. Servir la carne, cortar y comer hasta llenarse. El perro nos miraba atento, esperando alguna invitación. Le dimos de comer un poco y quedó contento, disfrutando su pertenencia al grupo. Respiro hondo y recupero la noción del tiempo. Qué alegría, pienso y siento. Seguimos conversando y bebiendo cerveza, hasta que empezamos a limpiar y ordenar todo para dejarlo tal como estaba antes. Ya terminado todo, sentía la satisfacción del deber cumplido.

Después de todo esto, pensé lo siguiente:

Ante la ausencia de indicadores cuantitativos, como el tiempo de cocción, hay que apelar a indicadores cualitativos, como el aspecto de cocción. Confieso que me gusta más el empirismo que el racionalismo. Es más práctico y realista, contra lo abstracto e (ingenuamente) idealista de lo segundo.

La felicidad es cosa seria para supeditarla a caprichos instantáneos. No se la encuentra directamente, sino mediante el esfuerzo constante.

viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Existe la suerte? Las trampas del azar, de Nassim N. Taleb


Hace unas semanas he leído ¿Existe la suerte? Las trampas del azar, de Nassim N. Taleb. Después de rumiar durante unas semanas sobre las ideas del libro, he procurado decantar su contenido y extraer las lecciones fundamentales, que resumiré a continuación.

De manera hábil, Taleb explica cómo nos engañamos en percibir la suerte como no suerte (es decir, habilidades) y, más en general, la aleatoriedad como no aleatoriedad (determinismo). Un ejemplo práctico sería el equipo de fútbol que remonta un resultado adverso en los últimos minutos del partido y atribuye su inesperada victoria al ritual de un chamán que visitó al plantel unos días antes. Esa victoria inesperada bien podría deberse a varios factores necesarios para alcanzarla, como el esfuerzo y la motivación de los jugadores, el pánico del equipo contrario al tratar de controlar el resultado provisorio, el ambiente en las gradas, los planteamientos de ambos equipos, etc., pero que por sí solos no bastan para explicar la victoria. No nos damos cuenta de que la suerte (entendida como aleatoriedad) influye más de lo que creemos.

Taleb menciona que "la suerte favorece a los que están preparados. El trabajo duro, el ser puntual, el llevar una camisa limpia (preferiblemente blanca), el utilizar desodorante, y este tipo de cosas convencionales contribuyen al éxito; son, sin duda, necesarias, pero es posible que sean insuficientes porque no son la causa del éxito". Esto no quiere decir que las habilidades no valgan, sino lo contrario, nos permiten aprovechar las oportunidades, pero son más relativas en ámbitos muy aleatorios como la lotería. Sin embargo, las cosas que llegan con buenas habilidades y poca ayuda de la suerte resisten más al azar.

Por muy modernos que seamos, todavía conservamos muy bien nuestro lado primitivo. Vemos algo que sucede e instantáneamente nuestro cerebro empieza a buscar motivos que expliquen el hecho que hemos observado. Como el ancestro tribal que hizo un ritual para terminar con la sequía y que, de repente, haya comenzado a llover, atribuyéndose el haber hecho el ritual como el desencadenante de la tan ansiada lluvia. De una manera parecida, relacionamos la prosperidad económica a las políticas del banco central, el suceso de una compañía al cambio del presidente, entre otros ejemplos. Buscamos explicaciones para explicar cualquier evento, procuramos darle coherencia suficiente para que tenga credibilidad, sin considerar mucho que haya otros factores que podrían haber influido incluso más. Eso se conoce como falacia narrativa, basta ver ejemplos de mitología para entender cómo la coherencia es insuficiente para explicar un fenómeno.

A menudo leemos artículos con títulos como "un estudio demuestra que leer más alarga la vida", donde muestran una correlación entre la longevidad de la población muestral y la cantidad de libros leídos, sin profundizar el porqué de esa relación e ignorando otros factores como la alimentación, el estilo de vida, etc. Sin embargo, no reparan en que un mayor tiempo de vida puede llevar a leer más libros. A veces caemos, sin notarlo, en el error de invertir el sentido de causalidad. La causalidad puede ser muy compleja cuando hay multitud de variables.

Amén de nuestra predilección por dotar de sentido a todo, somos propensos a confundir ruido y significado. Taleb declara que "no es algo excesivamente dañino; hay pocos que afirmen que el arte es una herramienta de investigación de la verdad, más que un intento de escapar de ella o hacerla más digerible. El simbolismo es el hijo de nuestra incapacidad y nuestra falta de voluntad de aceptar el azar; otorgamos significado a cualquier cosa; vemos figuras humanas en manchas de tinta". Menciona también nuestro gusto por el simbolismo en las cosas que vemos y escuchamos, como las canciones, las películas, los libros y todo lo demás que tenga que ver con la literatura, en las que tendemos a confundir ruido y significado. Ese gusto llega a ser irreversible cuando nos tomamos demasiado en serio al atribuir significados a cosas que a otros se les pasaron por alto. Otro ámbito donde se da mucha confusión entre ruido y significado se encuentra en las ciencias sociales, específicamente las de tendencias posmodernas, que publican textos gramaticalmente correctos, pero usando una jerga que sólo se entiende en el sector de humanidades de la universidad, abusando de abstracciones rimbombantes, llenándose de referencias académicamente afines de manera endogámica, hasta hacer creer que tiene el sello científico. Mas la ciencia no se encuentra en esas cosas, sino en el rigor de la inferencia.

No podemos dejar de lado al mundo empresarial, si bien utilizan un vocabulario distinto y sus frases son menos elegantes que las del mundo literario. Expresiones como "el plan estratégico", "la base de la empresa", "el cliente es todo para nosotros" y otras frases que suelen incluirse en la política de declaraciones de una empresa, no dejan de causar una impresión de palabrería decorada para tratar de cautivar a sus clientes, como si esas palabras fuesen a garantizar el valor de lo que se dedican.

Otro aspecto que el libro ahonda es el sesgo de la retrospectiva, conocida con la frase "lo sabía todo ese tiempo". Tiene que ver con la forma en que procesamos la historia de los eventos. Cuando miramos el pasado, siempre le asignaremos un velo determinista. Y así interpretaremos los eventos anteriores, siempre dependiendo de lo que ocurra después. Y eso nos lleva al vicio de creernos que podemos predecir el futuro basándonos en nuestras observaciones pasadas. Sin embargo, la historia nos demostró y seguirá demostrándonos que los acontecimientos importantes no son predecibles. Los seres humanos somos mucho mejores haciendo cosas que procurando entender lo que pasa a nuestro alrededor. Y es difícil darnos cuenta de ello porque nos nubla la ilusión de control, creemos entender y controlar todo hasta que ocurre ese evento clave –que en ese momento aún no lo entendemos como clave— que sacude nuestros conocimientos y nos revela cuánto ignorábamos. Las cosas siempre son evidentes cuando ya ocurrieron.

Taleb no confía en el utopismo racionalista, se define como un empirista escéptico. Considera que la humanidad dista de ser ideal debido a que tenemos muchos fallos como para irnos convirtiendo en una mejor raza humana. Nos creemos que podemos superar nuestras barreras culturales y controlar nuestra propia naturaleza siendo sólo racionales, como si curar la obesidad consistiese en aconsejar a la gente que debería cuidar su salud. Taleb dice que "dar consejos supone que nuestro aparato cognitivo, más que nuestra maquinaria emocional, ejerce cierto control sobre nuestras acciones".

En algunos aspectos no aprendemos de nuestra historia, somos incapaces de aprender que las reacciones emocionales a eventos anteriores (sean positivas o negativas) son de corta duración, mas retenemos el sesgo de que algún evento futuro, sea la compra de un objeto o una pérdida, nos cause una reacción emocional de larga duración.

La racionalidad humana, de acuerdo a la idea de Herbert Simon, es limitada. Si optimizáramos cada paso de nuestras vidas, nos costaría una cantidad infinita de tiempo y energía. Por lo tanto, debe haber un proceso de aproximación que pare en algún momento, cuando se haya alcanzado un punto satisfactorio y suficiente, considerado "satisfaciente". Ahí comprendí que la optimización a nivel local no necesariamente implica una optimización a nivel global. Un ejemplo que muestra en el libro sería la analogía del estadio, donde la estrategia ideal de una persona sería mantenerse de pie en vez de permanecer sentada, pero la estrategia óptima del público es que todos permanezcan sentados.

Para los racionalistas, las emociones se consideraban opuestas a la racionalidad. Sin embargo, nos ayudan a tomar decisiones. Puesto que, si tuviéramos que optimizar cada decisión, como se menciona en el párrafo anterior, analizándola con un gran conjunto de variables, se tardaría mucho tiempo en decidir hasta la tarea más sencilla. Por lo tanto, las emociones nos brindan un atajo a la hora de decidir. Los psicólogos las llaman lubricantes de la razón. No por nada sentimos pánico cuando tenemos un tigre hambriento enfrente, haciéndonos huir despavoridamente. Es propio de la capacidad de supervivencia del ser humano cuya mente, durante millones de años, fue constantemente exigida para evitar o reducir los peligros de supervivencia y prolongar la especie, no tanto para entender cómo funciona el mundo.

Es interesante observar el comportamiento de alguien que atribuye sus aciertos a sus habilidades; y sus errores, al entorno. Es decir, que no acepta el papel de la suerte salvo en sus fallos. Es una actitud humana que busca proteger la autoestima y afrontar la adversidad. Sin importar lo elaboradas que sean nuestras decisiones o lo buenos que seamos dominando nuestro campo de conocimientos, el azar siempre tendrá la última palabra. Taleb recomienda afrontar los designios del azar con dignidad, definida como " la ejecución de un protocolo de comportamiento que no depende de la circunstancia inmediata".

El libro apela al estoicismo como guía moral, basado en el sistema de virtudes, en que cada virtud es su propia recompensa. "Sus características se pueden resumir de la siguiente manera: el estoico es una persona que combina las cualidades de la sabiduría, la dignidad y el valor. El estoico, por tanto, será inmune a los altibajos de la vida".

Un aspecto interesante que menciona el libro es la regla de Wittgenstein, el hecho de usar una regla para medir, por ejemplo, una mesa, puede servir para medir más la regla que la mesa. Se trata de la fiabilidad del indicador que se utiliza para la medición, en este caso la regla. Tiene que ver con la confiabilidad que brinda el indicador a la hora de recabar información. Un buen ejemplo de ello es la historia del pavo de Acción de Gracias.

Un prejuicio muy extendido es la aceptación implícita de que lo nuevo es de por sí mejor. Es cierto que la civilización fue desarrollándose con mejoras que impactaron positivamente en la calidad de vida de sus habitantes, producto del desarrollo de nuevas tecnologías como el automóvil, el avión, el teléfono, etc. Infiriendo de manera espuria llegaríamos a pensar que todas las nuevas invenciones de hoy revolucionarán nuestras vidas como lo hicieron las de antaño. Pero no es tan así, aquí sólo contamos las invenciones exitosas, ocultando las demás invenciones que fracasaron. Mucha gente piensa que deberíamos abandonar los viejos usos (aunque funcionen plenamente) por unos más novedosos. Pero Taleb señala que el costo de oportunidad de perdernos de probar algo muy novedoso es minúsculo comparado a los problemas añadidos que nos traería tener que probar todos los nuevos inventos, debido a que no somos muy capaces de prever sus consecuencias. Eso me hace pensar que ciertas costumbres sobreviven por haberse adaptado a las circunstancias, como los utensilios, la ropa, los muebles, la escritura, etc. Se caracterizan por facilitarnos la vida, por más de que su propósito no nos sea muy claro. Si arrojáramos por la borda cualquier costumbre, por no encontrarle una razón evidente, terminaríamos sabiendo por las malas las razones que sustentaban esas costumbres. Ojo, no estoy diciendo que lo antiguo sea de por sí mejor, ciertas costumbres como vivir en las cavernas y los sacrificios humanos quedaron fuera de vigencia, afortunadamente.

Un aspecto interesante de las invenciones que exitosamente se integraron en nuestro uso cotidiano es que han sido descubiertas por accidente o fueron pensadas para otros fines, ejemplos de ello son la penicilina, Internet y el láser. El método de prueba y error, que incorpora un buen grado de aleatoriedad, permitió que la sociedad se beneficie de la innovación, gracias a la tolerancia al riesgo de quienes han apostado por sus invenciones.

Algunos fragmentos que rescato del libro:

"El grado de resistencia al azar en la vida de uno es una idea abstracta, parte de su lógica es contra-intuitiva y, para hacer las cosas todavía más confusas, sus realizaciones no son observables."

"… la mayor plaga que afrontamos en la actualidad: el mundo se hace más y más complejo mientras formamos nuestras mentes para simplificar más y más."

"Lo que se comprende bien se expresa bien y las palabras para decirlo salen bien."

"Parafraseando al entrenador de béisbol Yogi Berra otra vez: Los datos del pasado tienen muchas cosas buenas, pero es el lado malo lo que realmente es malo. Sólo se puede aceptar provisionalmente."

"La sencilla idea de un buen modelo para la sociedad, que no puede estar abierto a ser falseado, es una idea totalitaria."

"... debemos recordar que el hacerse rico es un acto de mero egoísmo, no un acto social. La virtud del capitalismo es que la sociedad se aprovecha de la avaricia de la gente, más que de su benevolencia, pero no hay ninguna necesidad de, además, encomiar esa avaricia como un logro moral (o intelectual)."

"… las reglas tienen un valor. Las aplicamos, no porque sean las mejores, sino porque resultan útiles y ahorran tiempo y esfuerzos."

"... muchas de las conexiones de los sistemas emocionales a los sistemas cognitivos son más fuertes que las conexiones de los sistemas cognitivos a los sistemas emocionales. La consecuencia es que sentimos emociones (cerebro límbico) y, después, encontramos una explicación (neocórtex). Como vimos en el descubrimiento de Claparade, gran parte de las opiniones y valoraciones que tenemos respecto a los riesgos pueden ser el sencillo resultado de las emociones."

"La gente confunde la ciencia con los científicos. La ciencia es genial, pero los científicos son peligrosos. Son humanos; están abrumados por los sesgos que tienen los humanos. Tal vez, incluso más. Porque la mayoría de los científicos son testarudos, de lo contrario no tendrían la paciencia y la energía para realizar las tareas hercúleas que se les exigen, como pasar 18 horas al día perfeccionando sus tesis doctorales."

"... la gente sobrevalora su conocimiento y subestima la probabilidad de equivocarse"

"... la probabilidad no trata de posibilidades, sino sobre la creencia de la existencia de un resultado, causa o motivo alternativo. Recuerde que las matemáticas son una herramienta para reflexionar, no para calcular."

"Empiece por reforzar su elegancia personal en el próximo revés de la fortuna que padezca. Muestre un sapere vivere (saber vivir) en todas situaciones."

Terminando el resumen, me permito decirles que no soy nadie para decirles cómo deben actuar, pero recomiendo la lectura del libro, cuya experiencia de lectura les resultará más gratificante que este resumen.

viernes, 24 de marzo de 2017

Orwell y Dickens

Me encuentro leyendo Ensayos de George Orwell. Son ensayos sobre diversos temas, escritos desde 1928 hasta 1949. El que estoy leyendo ahora es uno bien extenso sobre Charles Dickens y su prosa. Y me llamó la atención una pequeña nota al pie, refiriéndose a las creencias del autor, en que decía lo siguiente:

En una carta dirigida al menor de sus hijos (en 1868): «Recordarás que en casa nuca se te ha atosigado con la observancia o los simples formalismos religiosos. Siempre he procurado no cansar a mis hijos con esas cosas antes de que tuviesen edad de formarse sus propias opiniones al respecto. Precisamente por eso te será más fácil entender que intentar convencerte ahora de la verdad y la belleza de la religión cristiana, tal como la enseñó el propio Jesucristo, y de la imposibilidad de equivocarse mucho si la respetas de corazón y con humildad... No abandones nunca la sana costumbre de rezar tus oraciones por la noche y por la mañana. Yo nunca he dejado de hacerlo, y sé el consuelo que procura».

lunes, 13 de febrero de 2017

De libros y otros libros

Un día, caminando por el centro, me topé con una librería llamativa. Entré y observé minuciosamente varias portadas de libros desconocidos, pero interesantes. Después de un buen rato observando, encontré dos libros que me causaron una sorpresa muy grata, pues no esperaba encontrarlos. Esos libros eran: Camino de Servidumbre, de Friedrich Hayek, y ¿Qué es la Democracia?, de Giovanni Sartori.

Friedrich Hayek es filósofo y economista de la Escuela Austríaca, mientras que Giovanni Sartori es investigador de ciencia política, ambos son reconocidos liberales. En Camino de Servidumbre, Hayek argumenta que un Estado cada vez más fuerte en la sociedad puede llevar a romper el equilibrio entre poderes y desembocar en un régimen totalitario. Giovanni Sartori, con ¿Qué es la Democracia?, busca desentrañar el término "democracia", palabra en apariencia simple, pero que esconde una amplitud difícil de acotar, y desentraña sus variantes.

Ahora, yendo al grano, he leído esos libros en PDF con mi Kindle. Los libros electrónicos, conocidos como ebooks, facilitan mucho el acceso a ciertas obras que difícilmente se consigan en papel, la toma de apuntes con el subrayado, ajustar al gusto de cada uno la fuente, el tamaño de letras y el interlineado, además de almacenar una biblioteca entera en tan sólo un dispositivo. Algunos cuentan con iluminación de pantalla, de modo que se puede prescindir de otras fuentes de luz, sea solar o artificial. En fin, el mercado de libros electrónicos es aún incipiente y con posibilidad de mejoras que permitirán mayor funcionalidad.

Con esto podemos decir que los libros electrónicos superan por mucho a los libros en papel, sin embargo, los últimos tienen una ventaja clave: no necesitan prenderse. Y, una vez que sean tuyos y los cuides bien, siempre serán tuyos, cosa que no está tan asegurada con lo otro. Es por eso que decidí comprar esos ejemplares y tenerlos en mi biblioteca. Y creo que la biblioteca será más para resguardar y releer las obras más preciadas.



Los nuevos integrantes de mi biblioteca


No creo en la antagonismo entre el libro de papel y el libro electrónico. Para mí, son complementarios como lo es la escalera mecánica a la escalera fija. Es cuestión de saber sacarles partido y disfrutar sus atributos.

Que disfruten de la lectura como más placentero les resulte.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Una espontánea visita

Esta mañana he ido al Centro Paraguayo Japonés (CPJ) a abonar impuestos municipales, dado que allí se encuentra una de las bocas de pago habilitadas por la Municipalidad de Asunción, lo cual me ahorraba el viaje hasta el Palacete Municipal, lugar no muy agradable a la vista ni olfato.

Al llegar fue una sorpresa grata ver la poca presencia de contribuyentes, lo que me ahorraba mucho tiempo comparado al otro lugar, y la buena atención de los funcionarios, quienes respondieron con altura a su deber y a mis inquietudes. Mientras procesaban el pago, vi a lo lejos un salón donde se encontraban estantes llenos de libros y asumí que era la biblioteca.

Foto de la biblioteca en sus inicios.

Habiendo terminado el pago, me dirigí a la biblioteca con mucha curiosidad y cierta timidez, como si temiera ser descubierto por algún funcionario intransigente. Al cruzar la puerta, se presentó la bibliotecaria con una amable sonrisa y me preguntó si podía ayudarme en algo. Con sonrojo le confesé que me había llamado la atención el aspecto del lugar y que deseaba recorrer los estantes con la mirada. Mentira, le pregunté si tenía libros de ingeniería y con pena me contestó que lo más cercano que tenía eran libros escolares de matemática. Le respondí que no había problema y que recorrería los estantes a la espera de encontrar algo interesante.

Dicho eso, la bibliotecaria se retiró a su puesto y por fin ya tenía la paz que necesitaba. Me puse a mirar los ejemplares y eran de lo más variado. Desde idiomas como el portugués, alemán, inglés, japonés, etc.; historia, arte, economía, derecho, gastronomía... si anotara todos los campos creo que este artículo terminaría matando de aburrimiento. En fin, lo interesante era el ambiente de la biblioteca, con una estética muy propia de los años ochenta. Era como si el tiempo ahí se hubiese estancado, de tan bien cuidado que se encontraba todo. Un par de fotos de hace casi treinta años, mostraban el estado de la biblioteca que en ese entonces estaba recién inaugurada y se veía que las diferencias eran mínimas, los mimos libros, las mismas mesas, las mismas sillas, ¡hasta el mismo orden!

Hay libros únicos y que tienen un valor tan alto, que va más allá del precio. Rescato la importante colección de libros de historia paraguaya, que es bien difusa y es toda una invitación a conocer la historia paraguaya. También me llamó la atención la colección de Svetlana Evreinoff, una soprano de origen ruso, nacida en Manchuria, China; su madre era descendiente lejana de Genghis Khan y su padre era un ruso blanco que tuvo que exiliarse ante el avance del comunismo sobre Rusia y después China, lo que llevó a la familia Evreinoff a exiliarse a Paraguay. Su colección contenía varios clásicos interesantes que leerlos merecía la pena.

La bibliotecaria, intuyendo que estaba perdido, volvió a acercarse y me preguntó si necesitaba ayuda. Le contesté que estaba gratamente sorprendido del estado de la biblioteca y que estaba interesado en donar libros que iban en consonancia con la biblioteca. Sí, es decir que están viejos y que allí tendrían mejor uso. Quedó entusiasmada y contenta por el cumplido y con orgullo contó que todo seguía funcional, las mesas, las sillas y hasta el equipo de climatización seguían en perfecto estado y que habían sido traídos de Japón, lo que no da lugar a dudas de su calidad.

A la espera de concretar la donación de libros, me retiré y quedé muy contento de haber descubierto un lugar tan apacible.

Aspecto actual de la biblioteca.