El día anterior habíamos decidido almorzar matambre a la pizza. En el día hemos hecho lo siguiente: ir al súper, hacer las compras, llegar a casa, precalentar la parrilla. Un día de sol pleno, nos acomodamos debajo de un árbol de buena sombra. A último momento, se une uno más para el asado. Poner ambos cortes a la parrilla, picar y saltear locote con cebolla. He olvidado mirar a qué hora había puesto el matambre, sólo revisando visualmente podría saber cuán cocinada estaba. Comprobar la cocción, voltear ambos cortes, tomar varias rondas de tereré, echar el salteado y la salsa napolitana sobre el matambre, picar bien fino cebollita de verdeo, servir algunos chorizos para calmar la ansiedad, beber cerveza bien fría, revisar la cocción, poner abundante queso muzzarella, tapar la parrilla para producir efecto horno, levantar la tapa, retirar el matambre y sobre ello esparcir la cebollita picada.
Poner sillas y mesa bajo la misma sombra. El calor arreciaba, mas el tereré y la cerveza ayudaban a refrescarse. Servir la carne, cortar y comer hasta llenarse. El perro nos miraba atento, esperando alguna invitación. Le dimos de comer un poco y quedó contento, disfrutando su pertenencia al grupo. Respiro hondo y recupero la noción del tiempo. Qué alegría, pienso y siento. Seguimos conversando y bebiendo cerveza, hasta que empezamos a limpiar y ordenar todo para dejarlo tal como estaba antes. Ya terminado todo, sentía la satisfacción del deber cumplido.
Después de todo esto, pensé lo siguiente:
Ante la ausencia de indicadores cuantitativos, como el tiempo de cocción, hay que apelar a indicadores cualitativos, como el aspecto de cocción. Confieso que me gusta más el empirismo que el racionalismo. Es más práctico y realista, contra lo abstracto e (ingenuamente) idealista de lo segundo.
La felicidad es cosa seria para supeditarla a caprichos instantáneos. No se la encuentra directamente, sino mediante el esfuerzo constante.
martes, 10 de octubre de 2017
viernes, 15 de septiembre de 2017
¿Existe la suerte? Las trampas del azar, de Nassim N. Taleb
Hace unas semanas he leído ¿Existe la suerte? Las trampas del azar, de Nassim N. Taleb. Después de rumiar durante unas semanas sobre las ideas del libro, he procurado decantar su contenido y extraer las lecciones fundamentales, que resumiré a continuación.
De manera hábil, Taleb explica cómo nos engañamos en percibir la suerte como no suerte (es decir, habilidades) y, más en general, la aleatoriedad como no aleatoriedad (determinismo). Un ejemplo práctico sería el equipo de fútbol que remonta un resultado adverso en los últimos minutos del partido y atribuye su inesperada victoria al ritual de un chamán que visitó al plantel unos días antes. Esa victoria inesperada bien podría deberse a varios factores necesarios para alcanzarla, como el esfuerzo y la motivación de los jugadores, el pánico del equipo contrario al tratar de controlar el resultado provisorio, el ambiente en las gradas, los planteamientos de ambos equipos, etc., pero que por sí solos no bastan para explicar la victoria. No nos damos cuenta de que la suerte (entendida como aleatoriedad) influye más de lo que creemos.
Taleb menciona que "la suerte favorece a los que están preparados. El trabajo duro, el ser puntual, el llevar una camisa limpia (preferiblemente blanca), el utilizar desodorante, y este tipo de cosas convencionales contribuyen al éxito; son, sin duda, necesarias, pero es posible que sean insuficientes porque no son la causa del éxito". Esto no quiere decir que las habilidades no valgan, sino lo contrario, nos permiten aprovechar las oportunidades, pero son más relativas en ámbitos muy aleatorios como la lotería. Sin embargo, las cosas que llegan con buenas habilidades y poca ayuda de la suerte resisten más al azar.
Por muy modernos que seamos, todavía conservamos muy bien nuestro lado primitivo. Vemos algo que sucede e instantáneamente nuestro cerebro empieza a buscar motivos que expliquen el hecho que hemos observado. Como el ancestro tribal que hizo un ritual para terminar con la sequía y que, de repente, haya comenzado a llover, atribuyéndose el haber hecho el ritual como el desencadenante de la tan ansiada lluvia. De una manera parecida, relacionamos la prosperidad económica a las políticas del banco central, el suceso de una compañía al cambio del presidente, entre otros ejemplos. Buscamos explicaciones para explicar cualquier evento, procuramos darle coherencia suficiente para que tenga credibilidad, sin considerar mucho que haya otros factores que podrían haber influido incluso más. Eso se conoce como falacia narrativa, basta ver ejemplos de mitología para entender cómo la coherencia es insuficiente para explicar un fenómeno.
A menudo leemos artículos con títulos como "un estudio demuestra que leer más alarga la vida", donde muestran una correlación entre la longevidad de la población muestral y la cantidad de libros leídos, sin profundizar el porqué de esa relación e ignorando otros factores como la alimentación, el estilo de vida, etc. Sin embargo, no reparan en que un mayor tiempo de vida puede llevar a leer más libros. A veces caemos, sin notarlo, en el error de invertir el sentido de causalidad. La causalidad puede ser muy compleja cuando hay multitud de variables.
Amén de nuestra predilección por dotar de sentido a todo, somos propensos a confundir ruido y significado. Taleb declara que "no es algo excesivamente dañino; hay pocos que afirmen que el arte es una herramienta de investigación de la verdad, más que un intento de escapar de ella o hacerla más digerible. El simbolismo es el hijo de nuestra incapacidad y nuestra falta de voluntad de aceptar el azar; otorgamos significado a cualquier cosa; vemos figuras humanas en manchas de tinta". Menciona también nuestro gusto por el simbolismo en las cosas que vemos y escuchamos, como las canciones, las películas, los libros y todo lo demás que tenga que ver con la literatura, en las que tendemos a confundir ruido y significado. Ese gusto llega a ser irreversible cuando nos tomamos demasiado en serio al atribuir significados a cosas que a otros se les pasaron por alto. Otro ámbito donde se da mucha confusión entre ruido y significado se encuentra en las ciencias sociales, específicamente las de tendencias posmodernas, que publican textos gramaticalmente correctos, pero usando una jerga que sólo se entiende en el sector de humanidades de la universidad, abusando de abstracciones rimbombantes, llenándose de referencias académicamente afines de manera endogámica, hasta hacer creer que tiene el sello científico. Mas la ciencia no se encuentra en esas cosas, sino en el rigor de la inferencia.
No podemos dejar de lado al mundo empresarial, si bien utilizan un vocabulario distinto y sus frases son menos elegantes que las del mundo literario. Expresiones como "el plan estratégico", "la base de la empresa", "el cliente es todo para nosotros" y otras frases que suelen incluirse en la política de declaraciones de una empresa, no dejan de causar una impresión de palabrería decorada para tratar de cautivar a sus clientes, como si esas palabras fuesen a garantizar el valor de lo que se dedican.
Otro aspecto que el libro ahonda es el sesgo de la retrospectiva, conocida con la frase "lo sabía todo ese tiempo". Tiene que ver con la forma en que procesamos la historia de los eventos. Cuando miramos el pasado, siempre le asignaremos un velo determinista. Y así interpretaremos los eventos anteriores, siempre dependiendo de lo que ocurra después. Y eso nos lleva al vicio de creernos que podemos predecir el futuro basándonos en nuestras observaciones pasadas. Sin embargo, la historia nos demostró y seguirá demostrándonos que los acontecimientos importantes no son predecibles. Los seres humanos somos mucho mejores haciendo cosas que procurando entender lo que pasa a nuestro alrededor. Y es difícil darnos cuenta de ello porque nos nubla la ilusión de control, creemos entender y controlar todo hasta que ocurre ese evento clave –que en ese momento aún no lo entendemos como clave— que sacude nuestros conocimientos y nos revela cuánto ignorábamos. Las cosas siempre son evidentes cuando ya ocurrieron.
Taleb no confía en el utopismo racionalista, se define como un empirista escéptico. Considera que la humanidad dista de ser ideal debido a que tenemos muchos fallos como para irnos convirtiendo en una mejor raza humana. Nos creemos que podemos superar nuestras barreras culturales y controlar nuestra propia naturaleza siendo sólo racionales, como si curar la obesidad consistiese en aconsejar a la gente que debería cuidar su salud. Taleb dice que "dar consejos supone que nuestro aparato cognitivo, más que nuestra maquinaria emocional, ejerce cierto control sobre nuestras acciones".
En algunos aspectos no aprendemos de nuestra historia, somos incapaces de aprender que las reacciones emocionales a eventos anteriores (sean positivas o negativas) son de corta duración, mas retenemos el sesgo de que algún evento futuro, sea la compra de un objeto o una pérdida, nos cause una reacción emocional de larga duración.
La racionalidad humana, de acuerdo a la idea de Herbert Simon, es limitada. Si optimizáramos cada paso de nuestras vidas, nos costaría una cantidad infinita de tiempo y energía. Por lo tanto, debe haber un proceso de aproximación que pare en algún momento, cuando se haya alcanzado un punto satisfactorio y suficiente, considerado "satisfaciente". Ahí comprendí que la optimización a nivel local no necesariamente implica una optimización a nivel global. Un ejemplo que muestra en el libro sería la analogía del estadio, donde la estrategia ideal de una persona sería mantenerse de pie en vez de permanecer sentada, pero la estrategia óptima del público es que todos permanezcan sentados.
Para los racionalistas, las emociones se consideraban opuestas a la racionalidad. Sin embargo, nos ayudan a tomar decisiones. Puesto que, si tuviéramos que optimizar cada decisión, como se menciona en el párrafo anterior, analizándola con un gran conjunto de variables, se tardaría mucho tiempo en decidir hasta la tarea más sencilla. Por lo tanto, las emociones nos brindan un atajo a la hora de decidir. Los psicólogos las llaman lubricantes de la razón. No por nada sentimos pánico cuando tenemos un tigre hambriento enfrente, haciéndonos huir despavoridamente. Es propio de la capacidad de supervivencia del ser humano cuya mente, durante millones de años, fue constantemente exigida para evitar o reducir los peligros de supervivencia y prolongar la especie, no tanto para entender cómo funciona el mundo.
Es interesante observar el comportamiento de alguien que atribuye sus aciertos a sus habilidades; y sus errores, al entorno. Es decir, que no acepta el papel de la suerte salvo en sus fallos. Es una actitud humana que busca proteger la autoestima y afrontar la adversidad. Sin importar lo elaboradas que sean nuestras decisiones o lo buenos que seamos dominando nuestro campo de conocimientos, el azar siempre tendrá la última palabra. Taleb recomienda afrontar los designios del azar con dignidad, definida como " la ejecución de un protocolo de comportamiento que no depende de la circunstancia inmediata".
El libro apela al estoicismo como guía moral, basado en el sistema de virtudes, en que cada virtud es su propia recompensa. "Sus características se pueden resumir de la siguiente manera: el estoico es una persona que combina las cualidades de la sabiduría, la dignidad y el valor. El estoico, por tanto, será inmune a los altibajos de la vida".
Un aspecto interesante que menciona el libro es la regla de Wittgenstein, el hecho de usar una regla para medir, por ejemplo, una mesa, puede servir para medir más la regla que la mesa. Se trata de la fiabilidad del indicador que se utiliza para la medición, en este caso la regla. Tiene que ver con la confiabilidad que brinda el indicador a la hora de recabar información. Un buen ejemplo de ello es la historia del pavo de Acción de Gracias.
Un prejuicio muy extendido es la aceptación implícita de que lo nuevo es de por sí mejor. Es cierto que la civilización fue desarrollándose con mejoras que impactaron positivamente en la calidad de vida de sus habitantes, producto del desarrollo de nuevas tecnologías como el automóvil, el avión, el teléfono, etc. Infiriendo de manera espuria llegaríamos a pensar que todas las nuevas invenciones de hoy revolucionarán nuestras vidas como lo hicieron las de antaño. Pero no es tan así, aquí sólo contamos las invenciones exitosas, ocultando las demás invenciones que fracasaron. Mucha gente piensa que deberíamos abandonar los viejos usos (aunque funcionen plenamente) por unos más novedosos. Pero Taleb señala que el costo de oportunidad de perdernos de probar algo muy novedoso es minúsculo comparado a los problemas añadidos que nos traería tener que probar todos los nuevos inventos, debido a que no somos muy capaces de prever sus consecuencias. Eso me hace pensar que ciertas costumbres sobreviven por haberse adaptado a las circunstancias, como los utensilios, la ropa, los muebles, la escritura, etc. Se caracterizan por facilitarnos la vida, por más de que su propósito no nos sea muy claro. Si arrojáramos por la borda cualquier costumbre, por no encontrarle una razón evidente, terminaríamos sabiendo por las malas las razones que sustentaban esas costumbres. Ojo, no estoy diciendo que lo antiguo sea de por sí mejor, ciertas costumbres como vivir en las cavernas y los sacrificios humanos quedaron fuera de vigencia, afortunadamente.
Un aspecto interesante de las invenciones que exitosamente se integraron en nuestro uso cotidiano es que han sido descubiertas por accidente o fueron pensadas para otros fines, ejemplos de ello son la penicilina, Internet y el láser. El método de prueba y error, que incorpora un buen grado de aleatoriedad, permitió que la sociedad se beneficie de la innovación, gracias a la tolerancia al riesgo de quienes han apostado por sus invenciones.
Algunos fragmentos que rescato del libro:
"El grado de resistencia al azar en la vida de uno es una idea abstracta, parte de su lógica es contra-intuitiva y, para hacer las cosas todavía más confusas, sus realizaciones no son observables."
"… la mayor plaga que afrontamos en la actualidad: el mundo se hace más y más complejo mientras formamos nuestras mentes para simplificar más y más."
"Lo que se comprende bien se expresa bien y las palabras para decirlo salen bien."
"Parafraseando al entrenador de béisbol Yogi Berra otra vez: Los datos del pasado tienen muchas cosas buenas, pero es el lado malo lo que realmente es malo. Sólo se puede aceptar provisionalmente."
"La sencilla idea de un buen modelo para la sociedad, que no puede estar abierto a ser falseado, es una idea totalitaria."
"... debemos recordar que el hacerse rico es un acto de mero egoísmo, no un acto social. La virtud del capitalismo es que la sociedad se aprovecha de la avaricia de la gente, más que de su benevolencia, pero no hay ninguna necesidad de, además, encomiar esa avaricia como un logro moral (o intelectual)."
"… las reglas tienen un valor. Las aplicamos, no porque sean las mejores, sino porque resultan útiles y ahorran tiempo y esfuerzos."
"... muchas de las conexiones de los sistemas emocionales a los sistemas cognitivos son más fuertes que las conexiones de los sistemas cognitivos a los sistemas emocionales. La consecuencia es que sentimos emociones (cerebro límbico) y, después, encontramos una explicación (neocórtex). Como vimos en el descubrimiento de Claparade, gran parte de las opiniones y valoraciones que tenemos respecto a los riesgos pueden ser el sencillo resultado de las emociones."
"La gente confunde la ciencia con los científicos. La ciencia es genial, pero los científicos son peligrosos. Son humanos; están abrumados por los sesgos que tienen los humanos. Tal vez, incluso más. Porque la mayoría de los científicos son testarudos, de lo contrario no tendrían la paciencia y la energía para realizar las tareas hercúleas que se les exigen, como pasar 18 horas al día perfeccionando sus tesis doctorales."
"... la gente sobrevalora su conocimiento y subestima la probabilidad de equivocarse"
"... la probabilidad no trata de posibilidades, sino sobre la creencia de la existencia de un resultado, causa o motivo alternativo. Recuerde que las matemáticas son una herramienta para reflexionar, no para calcular."
"Empiece por reforzar su elegancia personal en el próximo revés de la fortuna que padezca. Muestre un sapere vivere (saber vivir) en todas situaciones."
Terminando el resumen, me permito decirles que no soy nadie para decirles cómo deben actuar, pero recomiendo la lectura del libro, cuya experiencia de lectura les resultará más gratificante que este resumen.
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viernes, 24 de marzo de 2017
Orwell y Dickens
Me encuentro leyendo Ensayos de George Orwell. Son ensayos sobre diversos temas, escritos desde 1928 hasta 1949. El que estoy leyendo ahora es uno bien extenso sobre Charles Dickens y su prosa. Y me llamó la atención una pequeña nota al pie, refiriéndose a las creencias del autor, en que decía lo siguiente:
En una carta dirigida al menor de sus hijos (en 1868): «Recordarás que en casa nuca se te ha atosigado con la observancia o los simples formalismos religiosos. Siempre he procurado no cansar a mis hijos con esas cosas antes de que tuviesen edad de formarse sus propias opiniones al respecto. Precisamente por eso te será más fácil entender que intentar convencerte ahora de la verdad y la belleza de la religión cristiana, tal como la enseñó el propio Jesucristo, y de la imposibilidad de equivocarse mucho si la respetas de corazón y con humildad... No abandones nunca la sana costumbre de rezar tus oraciones por la noche y por la mañana. Yo nunca he dejado de hacerlo, y sé el consuelo que procura».
lunes, 13 de febrero de 2017
De libros y otros libros
Un día, caminando por el centro, me topé con una librería llamativa. Entré y observé minuciosamente varias portadas de libros desconocidos, pero interesantes. Después de un buen rato observando, encontré dos libros que me causaron una sorpresa muy grata, pues no esperaba encontrarlos. Esos libros eran: Camino de Servidumbre, de Friedrich Hayek, y ¿Qué es la Democracia?, de Giovanni Sartori.
Friedrich Hayek es filósofo y economista de la Escuela Austríaca, mientras que Giovanni Sartori es investigador de ciencia política, ambos son reconocidos liberales. En Camino de Servidumbre, Hayek argumenta que un Estado cada vez más fuerte en la sociedad puede llevar a romper el equilibrio entre poderes y desembocar en un régimen totalitario. Giovanni Sartori, con ¿Qué es la Democracia?, busca desentrañar el término "democracia", palabra en apariencia simple, pero que esconde una amplitud difícil de acotar, y desentraña sus variantes.
Ahora, yendo al grano, he leído esos libros en PDF con mi Kindle. Los libros electrónicos, conocidos como ebooks, facilitan mucho el acceso a ciertas obras que difícilmente se consigan en papel, la toma de apuntes con el subrayado, ajustar al gusto de cada uno la fuente, el tamaño de letras y el interlineado, además de almacenar una biblioteca entera en tan sólo un dispositivo. Algunos cuentan con iluminación de pantalla, de modo que se puede prescindir de otras fuentes de luz, sea solar o artificial. En fin, el mercado de libros electrónicos es aún incipiente y con posibilidad de mejoras que permitirán mayor funcionalidad.
Con esto podemos decir que los libros electrónicos superan por mucho a los libros en papel, sin embargo, los últimos tienen una ventaja clave: no necesitan prenderse. Y, una vez que sean tuyos y los cuides bien, siempre serán tuyos, cosa que no está tan asegurada con lo otro. Es por eso que decidí comprar esos ejemplares y tenerlos en mi biblioteca. Y creo que la biblioteca será más para resguardar y releer las obras más preciadas.
Friedrich Hayek es filósofo y economista de la Escuela Austríaca, mientras que Giovanni Sartori es investigador de ciencia política, ambos son reconocidos liberales. En Camino de Servidumbre, Hayek argumenta que un Estado cada vez más fuerte en la sociedad puede llevar a romper el equilibrio entre poderes y desembocar en un régimen totalitario. Giovanni Sartori, con ¿Qué es la Democracia?, busca desentrañar el término "democracia", palabra en apariencia simple, pero que esconde una amplitud difícil de acotar, y desentraña sus variantes.
Ahora, yendo al grano, he leído esos libros en PDF con mi Kindle. Los libros electrónicos, conocidos como ebooks, facilitan mucho el acceso a ciertas obras que difícilmente se consigan en papel, la toma de apuntes con el subrayado, ajustar al gusto de cada uno la fuente, el tamaño de letras y el interlineado, además de almacenar una biblioteca entera en tan sólo un dispositivo. Algunos cuentan con iluminación de pantalla, de modo que se puede prescindir de otras fuentes de luz, sea solar o artificial. En fin, el mercado de libros electrónicos es aún incipiente y con posibilidad de mejoras que permitirán mayor funcionalidad.
Con esto podemos decir que los libros electrónicos superan por mucho a los libros en papel, sin embargo, los últimos tienen una ventaja clave: no necesitan prenderse. Y, una vez que sean tuyos y los cuides bien, siempre serán tuyos, cosa que no está tan asegurada con lo otro. Es por eso que decidí comprar esos ejemplares y tenerlos en mi biblioteca. Y creo que la biblioteca será más para resguardar y releer las obras más preciadas.
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| Los nuevos integrantes de mi biblioteca |
No creo en la antagonismo entre el libro de papel y el libro electrónico. Para mí, son complementarios como lo es la escalera mecánica a la escalera fija. Es cuestión de saber sacarles partido y disfrutar sus atributos.
Que disfruten de la lectura como más placentero les resulte.
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