jueves, 22 de septiembre de 2016

Una espontánea visita

Esta mañana he ido al Centro Paraguayo Japonés (CPJ) a abonar impuestos municipales, dado que allí se encuentra una de las bocas de pago habilitadas por la Municipalidad de Asunción, lo cual me ahorraba el viaje hasta el Palacete Municipal, lugar no muy agradable a la vista ni olfato.

Al llegar fue una sorpresa grata ver la poca presencia de contribuyentes, lo que me ahorraba mucho tiempo comparado al otro lugar, y la buena atención de los funcionarios, quienes respondieron con altura a su deber y a mis inquietudes. Mientras procesaban el pago, vi a lo lejos un salón donde se encontraban estantes llenos de libros y asumí que era la biblioteca.

Foto de la biblioteca en sus inicios.

Habiendo terminado el pago, me dirigí a la biblioteca con mucha curiosidad y cierta timidez, como si temiera ser descubierto por algún funcionario intransigente. Al cruzar la puerta, se presentó la bibliotecaria con una amable sonrisa y me preguntó si podía ayudarme en algo. Con sonrojo le confesé que me había llamado la atención el aspecto del lugar y que deseaba recorrer los estantes con la mirada. Mentira, le pregunté si tenía libros de ingeniería y con pena me contestó que lo más cercano que tenía eran libros escolares de matemática. Le respondí que no había problema y que recorrería los estantes a la espera de encontrar algo interesante.

Dicho eso, la bibliotecaria se retiró a su puesto y por fin ya tenía la paz que necesitaba. Me puse a mirar los ejemplares y eran de lo más variado. Desde idiomas como el portugués, alemán, inglés, japonés, etc.; historia, arte, economía, derecho, gastronomía... si anotara todos los campos creo que este artículo terminaría matando de aburrimiento. En fin, lo interesante era el ambiente de la biblioteca, con una estética muy propia de los años ochenta. Era como si el tiempo ahí se hubiese estancado, de tan bien cuidado que se encontraba todo. Un par de fotos de hace casi treinta años, mostraban el estado de la biblioteca que en ese entonces estaba recién inaugurada y se veía que las diferencias eran mínimas, los mimos libros, las mismas mesas, las mismas sillas, ¡hasta el mismo orden!

Hay libros únicos y que tienen un valor tan alto, que va más allá del precio. Rescato la importante colección de libros de historia paraguaya, que es bien difusa y es toda una invitación a conocer la historia paraguaya. También me llamó la atención la colección de Svetlana Evreinoff, una soprano de origen ruso, nacida en Manchuria, China; su madre era descendiente lejana de Genghis Khan y su padre era un ruso blanco que tuvo que exiliarse ante el avance del comunismo sobre Rusia y después China, lo que llevó a la familia Evreinoff a exiliarse a Paraguay. Su colección contenía varios clásicos interesantes que leerlos merecía la pena.

La bibliotecaria, intuyendo que estaba perdido, volvió a acercarse y me preguntó si necesitaba ayuda. Le contesté que estaba gratamente sorprendido del estado de la biblioteca y que estaba interesado en donar libros que iban en consonancia con la biblioteca. Sí, es decir que están viejos y que allí tendrían mejor uso. Quedó entusiasmada y contenta por el cumplido y con orgullo contó que todo seguía funcional, las mesas, las sillas y hasta el equipo de climatización seguían en perfecto estado y que habían sido traídos de Japón, lo que no da lugar a dudas de su calidad.

A la espera de concretar la donación de libros, me retiré y quedé muy contento de haber descubierto un lugar tan apacible.

Aspecto actual de la biblioteca.


viernes, 5 de agosto de 2016

Del progreso y sus historias

Platón, en su obra Fedro, aborda sobre los cambios culturales que trago consigo la escritura:

"... Pero él le dijo: ¡Oh, artificiosísimo Theuth! A unos les es dado crear arte, a otros juzgar qué de daño o provecho aporta para los que pretenden hacer uso de él. Y ahora tú, precisamente, padre que eres de las letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes contrarios a los que tienen. Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además, de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad."

La obra a la cual corresponde este fragmento fue publicada en el año 370 a. C. Es interesante cómo se ha mantenido la vigencia de este fragmento. Y como dice Onfray en su obra Antimanual de Filosofía: "Podemos resistir, arrastrar los pies, rechazarlos un tiempo, pero el consentimiento es inevitable, porque el movimiento del mundo obliga a seguir el nuevo ritmo."